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Bertolotti, el comisario de la mentira

bertolotti

La llegada de Marcelo Sain al ministerio de seguridad, permitió que ignotos oficiales de la fuerza llegaran a conducir dependencias específicas y operativas en la policía provincial.

Por Miguel Zalazar

La llegada de Marcelo Sain al ministerio de seguridad, permitió que ignotos oficiales de la fuerza llegaran a conducir dependencias específicas y operativas en la policía provincial; uno de esos casos, fue la del entonces, comisario Maximiliano Bertolotti, quien, tuvo dos “extraordinarios ascensos”, con flácidos argumentos legales; en algún punto, coincidentes con la ex directora de la Agencia de Control Policial (ACP) -ex asuntos internos-, la imputada delictivamente, subdirectora Mariana Olivieri; vaya paradoja, ambos, hace unas semanas compartieron una velada en un teatro de Rosario, escuchando a Raúl Lavié.

Bertolotti quedó en el beneplácito de algunos funcionarios del ministerio de seguridad de la gestión del ex ministro Maximiliano Pullaro, al “haber detenido” al narcocriminal Esteban Alvarado; en una investigación del que hay muchas dudas de como llego a dar con el fugado. No son pocos los que dicen que Bertolotti era a Sain, ahora Lagna; de lo que fue Alejandro Druetta a Pullaro; alguien que en el trasfondo tiene relaciones sociales non sanctas.

Bertolotti, llega a la jefatura de las Tropas de Operaciones especiales en diciembre de 2016, relevando al malogrado Adrian Forni; posteriormente en la nueva gestión de gobierno, diciembre de 2019, Marcelo Sain lo designa, jerarquías mediante, sin concurso, al frente de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) - ex PDI-; pero sorprendió su salida en febrero de 2021; con una absurda excusa del propio ex ministro. Marcelo Sain, sabía que Bertolotti, “lo mejicaneaba”, y “no le pasaba toda la información”; por eso decide en alguien con un perfil más bajo, como Marcelo Zoratti para su reemplazo. De hecho, quedó tan en evidencia el relevo de Bertolotti, que en ese momento German Montenegro, otro de los procesado en la “causa armas”; decía sobre “el super policia”, “Maximiliano Bertolotti es un oficial de gran valía y va a continuar trabajando con nosotros”.

El oficial jefe fue “reubicado”, informalmente; porque estaba en el aire, en lo que desde el discurso fue, “…trabajar en la readecuación y fortalecimiento de todo lo que son las fuerzas especiales de la policía”; eso jamás existió, y Bertolotti fue durante exactamente un año, un “ñoqui de lujo”; durante un año nada se supo del oficial superior, más aun, su coequiper en la Agencia de Investigaciones, el comisario supervisor Cristian Lemos, “otro hombre de gran valía”; terminó en una zona de inspección de la Unidad Regional Uno; explícitamente se evidenciaba que la dupla ya no era del beneplácito de Sain.

En febrero de este año, jaqueado por la inseguridad y los homicidios, Jorge Lagna, lo pone de nuevo en la vidriera, una vez más con “el relato” de aquella detención de Alvarado tres años atrás, al frente de lo que se denominó “unidad de élite destinada al combate del narcotráfico y los delitos económicos”. Si hay humo; que se vea lo más alto posible. De hecho, Bertolotti recién volvió a “hacer un positivo”, el mes pasado, cuando se detuvo con otras fuerzas de la policía al evadido de la cárcel de Piñero, a Claudio Mansilla. En resumen, Maximiliano Bertolotti, desnuda la deficiencia e incapacidad de un oficial sin experiencia, al que un decreto le dio jerarquías, pero ese hervor exprés, lo dejo muy crudo aún, la estadística mediática es clara, Alvarado en febrero de 2019, y Mansilla tres años y medio después; si lo comparamos con un policía de calle, que no tiene plus, que carece de vehículos óptimos, de recursos económicos, y hace veinte procedimientos exitosos en ese lapso de tiempo; Bertolotti no existe.

BERTOLOTTI, DE COLUMBO AL COMISARIO REX

El subdirector Maximiliano Bertolotti, es un gran simulador, hace montajes periodísticos y vende la captura de un evadido de una cárcel como si se tratara del mismísimo “chapo” Guzman Lorea. Intenta parecerse al misterioso de aquel detective de la serie, Columbo, el teniente era famoso policía del departamento de homicidios de la Policía de Los Ángeles, que vestía siempre una gabardina vieja, fumaba puros. A veces, recurre al azar como “El mentalista”; un psicólogo y manipulador, quien en la serie que transcurre en la Buró de Investigación de California (BIC) resuelve diferentes crímenes complejos. En realidad, el oficial superior santafesino se asemeja más al “Comisario Rex”, un pastor alemán de la Brigada de Homicidios de Austria, cuyo olfato sensible, valentía y lealtad a sus compañeros-policías lo convirtieron en el elemento más eficiente en la lucha contra la delincuencia.
Estamos frente a un gran simulador, al que parte del poder político compró, y tan es así, que si uno analiza la estadística es pésima; de ahí que el noventa y cinco por ciento de sus pares en los altos mandos le reprochen por lo bajo al propio ministro Lagna, que no se puede tener tanta consideración con un novel oficial sin experiencia en la calle; “un investigador de escritorio”, lo califican.

BERTOLOTTI VA POR EL SILLON DE CHIMENTI

El “comisario de elite”, por lo bajo murmura que está deseoso de suceder a Emilce Chimenti en el sillón de la jefatura provincial, para eso se apoya mucho en Mariana Olivieri con quien mantiene un fluido contacto, a pesar del descrédito de la imputada, quien tiene información sensible tras su paso por la Agencia de Control Policial, y que, llegado el caso, utilizaría para apuntar en contra de otros postulantes.

Bertolotti está desesperado por tener un nuevo procedimiento mediático, que lo exponga de cara al sillón que quedara vacante en unas semanas; es casi su única y última carta, ya que un viraje de ciento ochenta grados podría bajarle el precio a su carrera mediática y a sus proyectos.

Un comisario general con experiencia en rueda de amigos, esbozó, “si a mí me toca, quiero pedirle las novedades a ese Bertolotti, en la inspección de zona de El Nochero”; evidentemente, Bertolotti no juega su juego solo, hay más de uno que lo observa y no le perdona su meteórica carrera, donde lejos de ser un humilde camarada paso a ser un soberbio vanidoso empoderado.

Chimenti, poco y nada puede hacer, y quizás ni le interese, porque sus horas están contadas; ahora, hay que ver, como socaba el sillón de la jefa, para que esta no quede a su merced tras el relevo. Hay una pelea en ciernes, y es Bertolotti contra el mundo; todos los jefes y la tropa, no desean más paracaidistas, esperemos que el poder político logre entenderlo.

APROPOL Noticias

 

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